Estos voluntarios crean mapas para ayudar a las víctimas en situaciones de emergencia

Existe una comunidad de miles de jóvenes mapeadores que atienden emergencias humanitarias y promueven el conocimiento de las poblaciones locales, a través de plataformas digitales de libre acceso como OpenStreetMap.

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    Más de 700,000 voluntarios en todo el mundo forman parte del Equipo Humanitario de OpenStreetMap (HOT, por su nombre en inglés), una organización sin ánimo de lucro que ha experimentado un crecimiento notable en los últimos cinco años gracias a la aplicación de la tecnología y la geolocalización al servicio de las comunidades, valiéndose de la ciencia ciudadana. Este enfoque impulsa la participación activa de poblaciones en situaciones de emergencia o condiciones desfavorables, mejorando su acceso a datos a través del mapeo humanitario.

    Con más de 260 millones de planos actualizados, 156 millones de construcciones cartografiadas y 3.4 millones de carreteras registradas, su labor transforma no solo la forma de atender catástrofes en zonas de conflicto o exclusión social, sino otros problemas como la movilidad urbana y la preservación de los ecosistemas.

    Este movimiento global, que en breve cumplirá 15 años, pone a los usuarios en el centro de la conversación y vincula su conocimiento con actores primordiales como gobiernos, entidades públicas, asociaciones civiles y organizaciones humanitarias, para que respondan de manera más estratégica y responsable a las necesidades sociales. En otras palabras, HOT no solamente crea datos, sino que los pone a disposición de la sociedad para incidir en las decisiones públicas.


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    En México, organizaciones como GeoComunes, Morlan y GeoBrujas se apoyan en diversas tecnologías para crear estrategias de protección inteligentes que ayudan a las comunidades a preservar sus ríos, bosques y otros territorios.


    “Por lo general, las zonas afectadas no suelen tener mapas actualizados debido a la desigualdad histórica en la producción de información. Las empresas con fines comerciales, como Google, no están interesadas en rastrear lugares donde no tienen audiencias para sus publicidades. Al contrario, nuestros equipos implementan y desarrollan herramientas de acceso libre, ampliando el potencial y el control colectivo de registrar territorios”, explica Raiza Pilatowsky, gerente senior de comunicación de HOT.

    Sobre imágenes satelitales o aquellas elaboradas por drones, los voluntarios marcan caminos, carreteras, árboles y diferentes tipos de construcciones, siguiendo indicaciones muy precisas. Este trabajo se sube a la plataforma abierta de datos de OpenStreetMap (OSM), donde una comunidad de personas voluntarias revisan la calidad de los datos para confirmar que la información sea adecuada.

    El origen de su activismo digital

    En 2004, cuando se creó OSM, los usuarios contribuían para desarrollar mapas más accesibles. Con el aumento de desastres y conflictos, como la guerra de Gaza de 2009, varios voluntarios se organizaron para utilizar el poder de los datos geográficos en beneficio de las poblaciones afectadas. Tras el terremoto de Haití, en 2010, más de 600 colaboradores de diferentes partes del mundo geolocalizaron zonas desconocidas y proporcionaron estos datos a organizaciones de emergencias, como la Cruz Roja, para que respondieran con mayor rapidez ante las múltiples necesidades de lugares invisibilizados.

    Esto develó una urgencia: mejorar la cobertura de las comunidades rezagadas bajo un modelo comunitario. De ahí nació HOT, una red que pronto llamó la atención de otras organizaciones humanitarias y gobiernos, como los de Estados Unidos y Reino Unido, para plantear metodologías más inclusivas en zonas de alto riesgo. En 2020, al ser ya un referente en el campo del mapeo humanitario, HOT recibió financiamiento y expandió su presencia alrededor del mundo.

    En la actualidad, cerca de 70 personas se encargan de gestionar estas actividades de geolocalización desde cuatro oficinas regionales, entre ellas, Latinoamérica y el Caribe, donde Mar Marín, una activista digital de México, es la encargada de la comunicación estratégica. “En la región tenemos varios proyectos, como los Mapatones Anticipatorios Nacionales (MANAS), que nos permiten capacitar y acompañar personas a actualizar cartografía base que sirva de insumos para crear mapas de gestión de riesgo comunitario en Colombia, México, Ecuador y Perú”, dice.

    “En Colombia trabajamos con la Unidad Nacional de Riesgo para actualizar la cartografía de zonas que no han sido priorizadas, con el apoyo de alrededor de 400 colaboradores, y facilitar la construcción de los mapas comunitarios por las autoridades responsables”, añade Marín a modo de ejemplo.

    Para lograrlo, fomentan la creación, mejora y uso de herramientas de código abierto que facilitan la coordinación en tiempo real. “La más emblemática es ‘HOT Tasking Manager’, que divide las imágenes en una cuadrícula y asigna un cuadrito a cada persona, sin duplicar esfuerzos. También utilizamos ‘MapSwipe’, que permite comparar imágenes para saber si hay infraestructura presente o no, y ayudar a mapear de forma más rápida y eficiente. Dependiendo de la necesidad de información, utilizamos diferentes desarrollos y plataformas”, agrega Pilatowsky.

    El caso de los refugios en México

    En Guerrero, a raíz del huracán ‘Otis’, HOT fortaleció las relaciones multisectoriales con organizaciones y dependencias gubernamentales para renovar la geodesia, mapeando diferentes construcciones que presentaban daños, como edificios y carreteras. Con esta idea de no esperar a que suceda un desastre para activar protocolos, han hecho pedagogía, buscando que los gobiernos respalden estrategias preventivas y liberen con tiempo la ubicación geográfica de los refugios para ubicarlos en OpenStreetMap. Este tipo de coordinación previa posibilitó que la respuesta durante el huracán ‘Erick’, en junio, fuera más rápida y coordinada.

    La activación de sus operaciones en momentos de acontecimientos inesperados se articula con las comunidades locales de los territorios afectados. Son estas las que conocen específicamente si una edificación es un hotel o un centro de salud. Lo pueden señalar, por ejemplo, a través de su celular, añadiendo más niveles de detalle.

    El proceso para colaborar durante este último desastre natural en México comenzó con una convocatoria por redes sociales y canales como Telegram o Slack, para que los voluntarios más avanzados se sumaran. Bajo unas instrucciones muy precisas, les definieron explícitamente los elementos que debían rastrear con la herramienta ‘MapRoulette’, una plataforma que te permite mejorar datos de OSM a través de pequeñas tareas o retos de edición.

    “Aproximadamente, nos tardamos entre dos y tres días actualizando los 600 refugios temporales. Si una persona quiere buscar la versión más reciente, utiliza herramientas como ‘OverPass Turbo’, un recurso en línea que te permite buscar y visualizar datos específicos dentro de OpenStreetMap, y descargar un mapa solo con los albergues. Así sabrán a dónde acudir y qué capacidad tiene cada uno. La intención es que podamos hacerlo en otros estados de la República, a través de la cartografía abierta participativa”, explica Marín.

    Los voluntarios construyen conocimiento

    Cuauhtémoc Gutiérrez trabajó durante esta emergencia en México dando capacitaciones. Él, como muchos otros, aprendió a cartografiar mapeando las calles de su propio municipio. “Todavía los gobiernos locales no cuentan con información basada en datos. Por eso, estos movimientos de ciencia ciudadana juegan un papel importante al proponer ideas que faciliten el involucramiento de la sociedad en los problemas de sus territorios”, sostiene este geoinformático de 39 años, convencido de que su trabajo ayuda a personas en otros lugares.

    Esa misma certeza tiene Emilio Mariscal, un bombero y desarrollador de software argentino, que hace algunos años se sumó al equipo de HOT como gerente de ingeniería. Lo que busca es implementar plataformas de tecnología poderosas en beneficio de la humanidad y la naturaleza. ‘ChatMap’ es su desarrollo más reciente.

    A raíz de las inundaciones en Porto Alegre, Brasil, en abril de 2024, y de otros desastres más locales en Argentina, se percató de que la gente utilizaba sus chats para describir y ubicar los lugares afectados. Mariscal pensó en un producto que permitiera exportar textos, imágenes y videos desde aplicaciones como WhatsApp. “Creamos una web para subir estas informaciones que se transforman en mapas al vincularse con ‘uMap’, otra plataforma de código abierto”.

    Ahora ChatMap se utiliza en otros proyectos que no solo tienen que ver con calamidades, sino también con activismo ciudadano, arte callejero, mapeo de biodiversidad y protección de territorios en comunidades indígenas. “Me emocioné mucho cuando me enteré de que una joven, en medio de la Amazonia, la estaba utilizando para ubicar zonas de explotación minera. Es un desarrollo nuevo que puede llegar a lugares impensables. ChatMap está hecho para que las personas la utilicen sin intermediarios, dándoles más libertad al momento de tomar ciertas decisiones”, agrega Mariscal.

    El impacto social del mapeo digital y humanitario todavía resulta algo desconocido para quienes no practican esta actividad. Sin embargo, su modelo cambia paradigmas al democratizar el conocimiento y la participación colectiva de forma remota y solidaria, sin depender de fronteras o procesos burocráticos, solo de un interés personal por contribuir en acciones que beneficien territorios y construyan un bien común.

    Fuente: https://es.wired.com

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