Sofía Rodríguez ha transformado el ciberactivismo en Latinoamérica, utilizando las redes sociales para crear un espacio seguro donde miles de mujeres pueden informarse, expresarse y empoderarse.
Grecia Bojórquez/ NORO
Las redes sociales han dejado de ser solo un espacio para compartir fotos o memes para convertirse en un campo donde se libran importantes luchas sociales. Sofía Rodríguez Márquez, originaria de Tijuana, Baja California, mejor conocida como “Sofía on Fire”, supo aprovechar este espacio digital para impulsar el activismo a través de su proyecto WE R WOMEN ON FIRE, la cuenta de ciberactivismo feminista más grande de Latinoamérica.

Desde sus inicios en 2020, ha construido un lugar donde miles de mujeres encuentran un espacio seguro para expresarse, informarse y empoderarse.
Sofía Rodríguez y “WE R WOMEN ON FIRE”
Sofía inició su proyecto desde la incertidumbre y la nostalgia que le causaba la falta de información y protección hacia las mujeres en México. En sus propias palabras, comenzó “con miedo”, pero con la convicción de hacer un cambio.

Armándose solo con un celular y con cero seguidores, decidió crear una plataforma que ofreciera tips de seguridad, divulgación de derechos y un espacio para darle voz a quienes normalmente no la tienen.
En pocos años, su cuenta de Instagram, con más de medio millón de seguidores, se convirtió en una referencia del feminismo digital que impacta a miles de personas en toda Latinoamérica.
El ciberactivismo como herramienta de cambio
El fenómeno del ciberactivismo, que se define como el uso de internet y redes sociales para promover causas sociales y políticas, ha revolucionado la manera en que los movimientos sociales se organizan y crecen. La tecnología permite amplificar mensajes, generar debates y movilizar a grandes audiencias en tiempo récord.

La tijuanense invita a reconocer el poder que tienen las redes sociales y cómo, con responsabilidad, cada acción digital puede generar un impacto real. En su participación en la Universidad de las Californias Internacional (UDCI), señaló que acciones como dar “like”, compartir mensajes o firmar peticiones en línea pueden presionar a autoridades y empresas para tomar decisiones que beneficien a la sociedad.
“Hay que distinguir qué sí es ciberactivismo y qué no lo es: abrir espacios de diálogo, transformar e impactar positivamente, informar y abrir espacios de reflexión”, dijo para Tijuana Innovadora.
Limitaciones del activismo digital
A pesar del gran alcance y la velocidad con la que circulan los mensajes en redes, el ciberactivismo puede tener algunas dificultades, pues su impacto real a veces es difuso y no siempre se traduce en cambios concretos inmediatos en la vida política o social.

Además, existe el riesgo de que las redes censuren ciertos contenidos o que el activismo digital sustituya la acción presencial, lo que limita la presión directa sobre las instituciones.
Sin embargo, voces como la de Sofía destacan la importancia de sumar esfuerzos, tanto en línea como fuera de ella. Para ella, el empoderamiento individual y colectivo que genera el ciberactivismo es la llave para visibilizar las problemáticas y convocar a más personas a participar en la lucha por los derechos de las mujeres.
Plataformas digitales: nuevos escenarios para la voz femenina
Las redes sociales se han convertido en los nuevos altavoces del activismo. Instagram, con su enfoque visual, permite que campañas muestren realidades a través de imágenes y videos.
Twitter facilita la difusión rápida de información y el debate público mediante hashtags y conversaciones en tiempo real. Facebook sirve para organizar eventos y grupos, y TikTok ha emergido como una plataforma clave para llegar a audiencias jóvenes con contenidos creativos y directos.

Sofía Rodríguez Márquez ha sabido combinar estos espacios, como Instagram, para visibilizar las injusticias que enfrentan las mujeres y también para ofrecer herramientas y generar comunidades de apoyo y aprendizaje.
La experiencia de Rodríguez demuestra que el ciberactivismo puede ser tan potente como el activismo presencial, ampliando la participación y derribando barreras de distancia o miedo.
Fuente: https://noro.mx/