Redactivismo: la revolución cibernética

 

La red de redes se está convirtiendo paulatinamente en la primera fuente de información para los ciudadanos, sobretodo los más jóvenes. Pero también es un nuevo territorio en el que se pueden explorar las relaciones y las comunicaciones humanas. La ampliación de la realidad que nos ofrecen las nuevas tecnologías todavía está en sus comienzos. Posiblemente, en pocos años, asistamos a un proceso de emulación revolucionaria que tendrá como escenario el mundo virtual y se acabará materializando en la realidad, de forma tangible. Hoy se establece su urdimbre.

Los movimientos sociales de emancipación popular surgidos recientemente en los países árabes, son un ejemplo de lo que acontecerá en los países en los que un número suficiente de ciudadanos tengan acceso a la red y un sistema opresivo de poder. Una de las primeras medidas que se ejerció para sofocar la revolución de Túnez y la de Egipto, fue cerrar la red al mundo exterior, pero resultó inútil.

La revolución de los jazmines en Túnez comenzó por un hecho singular, la inmolación de un joven por la intervención intempestiva de la policía al decomisarle el carrito de frutas con que se ganaba la vida. El joven era ingeniero informático y se quemó a lo bonzo ante un edificio gubernamental, se llamaba Mohamed Bouazizi, tenía 26 años, y moría días después en el hospital de Ben Arous. Rápidamente, sus amigos y compañeros expandieron la noticia por la red, desencadenando las revueltas que han llevado a Túnez a empezar a escribir una nueva página de su historia.

El ciberactivismo (“netactivism”, Net-Act) tiene diversas formas de presentación, a veces se restringe a campañas en la red, como la acometida por los detractores de la Ley Sinde en España, pero en otras ocasiones como el caso de las revoluciones del Magreb se expanden a la vida real. También se producen alternativas mixtas que comparten red y realidad. Sus derivaciones materiales conducen a formas de “terrorismo virtual” como el recreacionista o el poético

Las formas de manifestación también son diversas, pueden ser individuales o colectivas, anónimas o identificadas, legales o ilegales, agresivas o expositivas, ceñirse a un espacio o área concreta de crítica o ser generales; también pueden ser favorables a determinadas alternativas o contrarias a otras, pueden utilizar recursos para atentar contra espacios privados o públicos, como es el caso del hackerismo, pueden tener múltiples niveles de actuación. Lo que está claro es que son una reacción humana compleja, individual en algunas ocasiones, pero con más frecuencia colectiva, bien organizada o espontánea, y siempre con un elevado nivel de sofisticación.

Hay campañas en la red que se ocupan de promover determinadas acciones positivas, habitualmente colectivas, para difundir algún proyecto o acción compartida con una finalidad de acción política, pero la mayoría de las acciones son de carácter negativo. Los objetivos preferentes de los ataques cibernéticos son las instituciones públicas y las grandes corporaciones comerciales y económicas. Habitualmente, en el comienzo de la acción, siempre hay un factor desencadenante concreto que se puede identificar, sobre un lecho de opresión del poder, vulneración de la ley, o explotación de los seres humanos. A veces las campañas son realizadas por los propias víctimas, y en otras ocasiones se desarrollan de forma solidaria por parte de los expertos que apoyan a las víctimas en sus reivindicaciones y resistencia.

La revelación de datos secretos de la administración norteamerican que nos ha ofrecido la plataforma Wikileaks de Julian Assange, el performance de los “Yes Men” o las campañas organizadas de la agrupación internacional Anonymous, son ejemplos de diversas presentaciones de este movimiento social de reacción cívica, orientados al desenmaramiento del poder, pero también los hay de protesta organizada como el Partido Pirata con representación en Europa, o las diversas plataformas contra la Ley Sinde en España.

En la mayoría de las acciones realizadas se mantienen determinados códigos morales que se fundamentan en la injusticia acontecida sobre un individuo, un determinado colectivo o la población general. Los criterios de reacción provienen de la obra “Desobediencia Civil” de Henry David Thoureau, que influyó en personajes relevantes como Mathama Gandhi o Martin Luther King. En la mayoría de las ocasiones no se utiliza la violencia contra las personas, sino contra los intereses políticos o económicos de aquellos que ejercen el poder con oprobio o los que no respetan las leyes por detentar una posición de privilegio.

La red de redes se ha convertido en un bosque de conocimientos y comunicación, por eso uno de los patrones más frecuentes de conducta reaccionaria es la ofrecida por Ernst Jünger en su obra “La Emboscadura”, auténtico manual de supervivencia en una sociedad tiránica, en la que los seres humanos son tratados con desprecio por los detentadores del poder, por los usurpadores de la justicia. Esta obra se publicó en 1950, mucho antes de que internet existiera, pero en ella ya se ofrece la descripción de las técnicas para resistir en el bosque virtual de la red o de la vida real, que de forma simbólica se ha convertido en patria de los seres libres, que han decidido vivir de sus propios recursos sin explotar a nadie.

En el mundo feliz que representa la globalización y el final de la historia que anunció Fukuyama, las conductas humanas posibles se van reduciendo hasta conformar sociedades homogéneas, agregados amorfos como las denunciadas por Ortega y Gasset en “La Rebelión de las Masas”, las descritas por George Orwell en su ucronía “1984”.

El escenario colectivo se puede completar con las descripciones de algunas conductas de simulación, como las expuestas por el Premio Nóbel Czeslaw Milosz en su obra “El Pensamiento Cautivo”, en las que sugiere para la supervivencia en mundos sociales oprimidos un comportamiento utilizado por los árabes, conocido como “el ketman” que consiste en una especie de observación participante reactiva, en la que los sujetos representan asumir las normas políticas correctas públicamente, mientras de forma privada y particular conspiran contra la opresión del poder.

Por último, los destinos de estos movimentos sociales siempre se fundamentan en una utopía mística o mitológica de restitución de lo usurpado por el poder, más allá del contrato social y la democracia. Es la “hibrys” la desmesura de los poderosos, la que desencadena la reacción de los oprimidos en la búsqueda de un cambio en el poder, o en la creación de mundos utópicos, porque nos acercamos al Crepúsculo de los dioses y el Regreso de los Titanes que refirió Hölderlin o la creación de una Nueva Tierra Prometida como la propuesta en la distopía descrita por Ayn Rand en “La Rebelión de Atlas” y el nuevo mundo de John Galt, pero sin duda el objetivo último es el regreso al paraiso perdido en el que la virtud humana destaque sobre la decadencia a la que nos conduce la detentación del poder por aquellos que utilizan la fuerza de la violencia tiránica, la usurpación de la justicia, o la corrupción de los mandatos conferidos, para imponer su voluntad sobre sus semejantes de forma inadmisible.

Quizás el referente icónico más conocido de los movimientos de reacción cibernética sea el de la película V de Vendetta, basada en los comics de Alan Moore y David Lloyd, con “V” un personaje oculto tras la máscara de Guy Fawkes, que busca en su alegoría que la gente recobre la conciencia sobre su dominio desapercibido y reaccione ante la opresión a que está siendo sometida por los poderesos, con una campaña para derrocar el poder tiránico vigente. Una recreación actualizada y renovada del mito de Prometeo, que abandona el Olimpo del poder mítico para ofrecer a la humanidad el logos de la razón que da comienzo a la civilización, representado de forma simbólica por el fuego que acaba con el viejo sistema de creencias.

Ramnusia, la diosa de la venganza, se transforma en Némesis, la acción de venganza real, para recobrar el orden perdido, erradicando del poder a aquellos que lo utilizan en su beneficio para obtener privilegios, aunque sea a costa del perjuicio de todos los demás.

Fuente: hazteoir.org

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