El ciberactivismo ambiental, clave en París

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El acuerdo de París sobre cambio climático, o #ParisAgreement, que se alcanzó hace apenas tres semanas en la capital francesa consolida una tendencia que comenzó hace una década: la Web, las redes sociales y la viralización de las causas son la nueva forma de activismo ambiental.

Gracias a las nuevas tecnologías millones de voces debieron ser escuchadas por los 195 representantes de países que llegaron para discutir un acuerdo de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero. En un escenario poco propicio para las marchas multitudinarias, luego de los atentados terroristas de noviembre, el cambio de estrategia movido por Twitter y Facebook generó en 48 horas una foto que recorrió el planeta: mostraba miles de pares de zapatos, incluidos los del Papa Francisco, que reclamaban, silenciosamente, por un tratado mundial en la Plaza de la República.

“La tecnología nos ayudó a inundar la cumbre de París con más de 3,6 millones de firmas de todo el mundo pidiendo por un futuro sostenido por 100% de energías limpias, o acercar los mensajes de voz de mas de 40.000 personas exigiendo que se llegue a un acuerdo por el clima, o que un grupo de padres lleven a sus niños y se reúnan en la puerta de la cumbre para decirle ‘adieu’ a los combustibles fósiles”, asegura Oscar Soria, vocero de Avaaz que le puso el cuerpo a la fallida marcha.

Y agrega: “En el resto del mundo, la web fue clave para que la gente se reúna y organice sus propias marchas, lo que ha posibilitado que más de 785.000 almas salgan en el mismo día, en más de 175 países, para reclamar a los gobiernos que actúen. Algunas fueron multitudinarias, otras modestas, pero todas tuvieron la fuerza del voluntariado del ciudadano común, incluso en ciudades como en Bagdad, Kabul o Kampala. En Saná, la capital yemení, y bajo un intenso conflicto armado, la gente quiso ser parte de este movimiento mundial, incluso desafiando el hecho de que a pocas cuadras habían bombardeado la calle”.

La Argentina se puede sentir orgullosa de ser uno de los países pioneros en esto de acercar peticiones online. Por caso, en 2007 Greenpeace juntó a otras 30 ONGs, entre las que estaban Fundación Vida Silvestre Argentina y la Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN), y consiguieron juntar 1,5 millones de firmas para que se sancionara una ley de presupuestos mínimos de protección de bosques que hoy está vigente.

Una oportunidad

Hernán Nadal, a cargo del área de Nuevos Medios de Greenpeace explica: “Los nuevos medios primero te dan la posibilidad de comunicarte con la gente que tiene interés en esa causa sin intermediarios. Y, al mismo tiempo, da la posibilidad de participar a gente que de otra forma no podría participar. En la Argentina con una extensión muy grande de otra forma no podría hacerlo”.

Greenpeace en la Argentina ha sumado hace un par de años una plataforma que permite generar un reclamo propio:Hagamos Eco. El balance al día de hoy es más que positivo: cuenta con más de 250.000 miembros únicos; registra unas 1500 peticiones creadas y suma más de 580.000 firmas recogidas.

Para Soria, de Avaaz, que cuenta con unos 80 millones de adherentes, “las peticiones online son un instrumento dentro de una serie de muchas otras tácticas que las organizaciones sociales usan para conseguir sus objetivos. Las más exitosas y las que tienen un impacto real son aquellas que reconocen realmente la importancia de la participación de todos, desde el aporte de la organización más grande y profesional hasta el de los vecinos del barrio”.

En nuestro país también hay un antecedente histórico en materia de crowdfunding. La ONG Banco de Bosques, que presidía Emiliano Ezcurra, un ex Greenpeace que ahora será vicepresidente de la Administración de Parques Nacionales (APN), consiguió los fondos para crear un parque nacional en el Impenetrable chaqueño, La Fidelidad. “La campaña arrancó con un gran impulso de Juan Carr con quien organizamos un festival en el que se invitaba a la gente a cambiar PET por m2 de bosques. También tuvimos la alianza con Villavicencio que nos permitió juntar más fondos. El juicio de expropiación [de las tierras de la futura área protegida] requería 65 millones de pesos, pero había que juntar 10 millones para que se inicie el juicio de expropiación. En 2012 y 2013 con Villavicencio se juntaron 2,5 millones de pesos. Medio millón llegó con donaciones. Y el último gran impulso lo dio Douglas Tompkins en 2014, que puso lo que faltaba”, cuenta Darío Rodríguez, coordinador de Campañas y de área de Donantes de Banco de Bosques.

La campaña en la que están centrados en este momento tiene que ver con detener la construcción de dos megarepresas en Santa Cruz. Y en esta lucha se puede ver algo muy interesante: la sinergia entre las redes. La petición para detener esta megaobra la realizaron en el sitio de Greenpeace.

“Estimado Sr. Presidente Mauricio Macri: La construcción ilegal de dos represas sobre el Río Santa Cruz destruirá de manera irreversible todo el ecosistema del río. Además de ser un proyecto que viola tres leyes nacionales y pone en peligro lugares increíbles como el P.N. Los Glaciares y el Río Santa Cruz, ¡es una muy mala inversión para el país!”. Ahora esperan las firmas virtuales.

Cronología

2005: La campaña Make Poverty History, liderada por Oxfam, irrumpe en la escena pública, combinando acciones en la Web y en el espacio público, y logra sacar a la calles de Edimburgo a más de 225.000 personas, y más de 400.000 firmaron una petición online que instaló en la agenda política y mediática internacional la urgencia de un plan para atacar la pobreza mundial.

2007: La Argentina es uno de los primeros países donde las organizaciones sociales usaron la tecnología en sus campañas de presión. Greenpeace y otros 30 grupos logran que se sancione la ley de bosques, luego de presentar mas de un millón y medio de firmas al Congreso.

2009: La empresa de energía inglesa E.ON, que planeaba instalar una planta de carbón en Kent, anuncia que cancela sus planes luego de una campaña de presión realizada en la Web y en las calles por una coalición de organizaciones sociales (Stop Climate Chaos coalition).

2011: 350.org, Avaaz y Sierra Club comienzan una serie de campañas en la web contra la instalación de un mega oleoducto (Keystone) juntando más de un millón de firmas y convocando a cientos de miles de personas en marchas y acciones directas no violentas, que terminan en una rotunda victoria en 2015 cuando Obama decide cancelar el proyecto.

2012: Avaaz y WWF lanzan una campaña mundial contra el tráfico ilegal de marfil, juntando un millón y medio de firmas, logrando a principios del 2013 que el gobierno de Tailandia se comprometa a una serie de medidas para enfrentar ese flagelo.

2013: Argentina vuelve a dar la nota cuando una comunidad de vecinos de la localidad cordobesa de Malvinas Argentinas inicia una petición en la plataforma de Avaaz contra la instalación por parte de Monsanto de una planta de maíz transgénico, que luego es apoyada por mas de un millón de firmas. El proyecto de Monsanto fue suspendido por la justicia y luego cancelado por el gobierno.

2014: En septiembre, mas de 680.000 personas marcharon para reclamar a los líderes mundiales reunidos en la ONU que detengan el cambio climático global.

2015: El número de la marcha climática del 2014 fue superado al año siguiente, en el día anterior a la 21° conferencia de las partes de París, donde mas de 785.000 personas salieron a las calles en todo el mundo. La marcha hubiera superado al millón, pero en París había sido cancelada por los ataques terroristas.

Fuente: La Nación Argentina

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